Romanos

Publicado en por iglesias de Dios pentecostal jemi

 

Romanos 10

En el cap. anterior, Pablo habló de Israel en términos de elección. En este cap. analiza la situación del pueblo desde la perspectiva de los factores humanos, la ignorancia de Israel (1-4); La necesidad de comprender el evangelio (5-13), la necesidad de la proclamación del evangelio (14-15) y la respuesta de la fe (16-21).

1. (10,1-4) Pablo no acusa a Israel simplemente para criticarlo; él examina con emoción la actitud de Israel. Justamente es esta actitud, razón más que suficiente para que él dirigiera su oración a Dios a fin de que Él les abra los ojos para ver la salvación en Jesucristo. Cuando Jesús vino, Israel no lo reconoció como el Cordero de Dios. Por lo tanto, aunque muestran mucho celo (y Pablo lo sabe de su propia experiencia, antes de su conversión), tal celo es sin entendimiento del camino del Señor. Un celo sin entendimiento no es más que fanatismo. El pueblo no comprende que la justicia de Dios es un regalo que excluye las innumerables exigencias. Por lo tanto, no viven de la justicia de Jesucristo y de su obediencia, ni aceptan la entrega de su vida por nosotros. En vez de aceptarla, están construyendo su propia justicia, no sabiendo que es un fracaso, ya que "todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia" (Is.64,6). No han comprendido que Cristo es el fin de la ley. `Fin' no significa aquí `propósito', sino `terminación'. Jesús ha abrogado la ley en el sentido de medio para salvarse, pero no para abrir la puerta hacia una vida autónoma, sin trabas. Ahora cuando se ha revelado la justicia de Cristo (mediante su obediencia y sacrificio) hay un camino de salvación que está abierto para todos, también para los gentiles quienes nunca podrían vanagloriarse de su cumplimiento de la ley de Dios.

* La justicia de Dios es una justicia que regala, regalándonos el perdón. ¿Oramos por el pueblo de Israel y por los demás que no entienden esto?

2. (10,5-13) Pablo encuentra una gran diferencia entre el camino sin salida (la ley) y el camino que llega a Dios en las Escrituras del Antiguo Testamento. Emplea dos citas de la Torá, una de Levítico (18,5) y otra de Deuteronomio (30,11-14). La primera cita dice que el hombre que haga estas cosas (guardar los mandamientos de Dios) vivirá por ellas. El camino hacia la salvación es el de obediencia a Dios, pero esta obediencia es imposible debido a nuestra naturaleza pecaminosa que no se puede someter a Él. Pablo emplea la segunda cita de Deuteronomio sólo para mostrar que hay un camino que es realmente accesible. La palabra de la alianza de Dios está tan cerca, que no es necesario hacer cualquier empeño para llegar a Dios. Así es el evangelio, como Moisés dice en Deuteronomio 30, que no tenemos que buscar la justicia muy lejos, sino que ella está muy cerca. No dependemos de nuestros esfuerzos para llegar a Dios, como si tuviéramos que subir al cielo o descender al abismo. Esforzarse para llegar a Dios es negar la obra de Cristo. Él subió al cielo  con su sacrificio consumado; Él murió y fue sepultado, pero también resucitó. No tenemos un Cristo muerto, sino vivo; cuya obra es válida ante el Padre para cubrir todas nuestras culpas. La justicia está muy cerca: no la alcanzamos por medio de nuestro empeño, sólo por Cristo. Somos salvos si confesamos con la boca que Jesús es el Señor, y si creemos de corazón que Dios le levantó de los muertos. Cristo es el Señor: Él dispone de gracia y perdón para ofrecérsenos a nosotros gratuitamente. Él murió y resucitó para ganar una salvación completa. Todo aquel que creyere en Él, no será avergonzado; sea judío o sea gentil, porque no hay diferencia. La sola obra de Cristo es suficiente para todos los que invocan su nombre. Invocar el nombre del Señor es una cita de Joel 2, ya aplicado por Pedro en Hechos 2 a Cristo. El que acude a Él para salvación la obtendrá.

* ¡Cuán importante es la venida de Cristo para todos los que creen en Él!

3. (10,14-15) Las últimas palabras de Pablo nos muestran la necesidad de la obra misionera. ¿Cómo pueden los gentiles invocar el nombre del Señor si no conocen su nombre? Y solamente pueden conocer su nombre cuando haya alguien que se los predique. Y se predica sólo cuando se envía. Así Pablo funda la misión de la iglesia en Dios mismo. Él ha enviado a los apóstoles (significa ¡enviados!) para predicar el evangelio y ellos, a su vez, han involucrado a los miembros de la iglesia para participar en esta tarea. Las palabras que Pablo usa, son como una cadena (comparece Romanos 8,30): invocar, creer, oír, ser enviado, predicar. Dios se encarga de que el evangelio sea predicado por todo el mundo. Pablo confirma esto con una cita del AT: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!" (Is. 57,7). Allí son las buenas nuevas a los exiliados en Babilonia a los cuales Dios hará volver a su patria. Con mayor razón se debe predicar el evangelio a los cautivos en el pecado: en Cristo hay una salida de emergencia.

* Si queremos que la gente conozca al Señor, prediquemos entonces el evangelio.

4. (10,16-21) Pablo lucha con el hecho de que tan pocos Israelitas creen en este evangelio. ¿Por qué? La fe es por el oír, pero, ¿no han escuchado ellos el evangelio? Tomando un versículo del Salmo 19 donde el salmista se refiere a los cielos que por todo el mundo cuentan la gloria de Dios, Pablo quiere decir que también el evangelio ha corrido por todo el mundo. Aunque es lenguaje simbólico, en realidad el evangelio sí ha salido a gran parte del mundo y ha llegado a muchos de los judíos. También ellos habían entendido su intención (v.19). Dios hará que el pueblo se sienta celoso, ya que un pueblo insensato (sin conocimiento) le adelantará, pues éste recibirá la gracia de Dios en Jesucristo. Israel, sin embargo, lamentablemente no quería aceptar el evangelio; por lo tanto, Dios se dirige a los otros pueblos del mundo; así que, los que no han buscado a Dios, Él los ha encontrado y se ha revelado a los que no preguntaban por Él. Eso es amor elector divino, sin obras. ¿Cuál es la razón por la que Israel no ha respondido? No está en el Señor, pues las manos del Señor constantemente estaban extendidas a Israel, pero éste se ha portado como un pueblo rebelde. Aquí tenemos la razón por la que no aceptaron el evangelio, ni la justicia de Cristo: su rebeldía. Sin embargo, Dios no ha dejado de amar a Israel. En el capítulo 11 Pablo va a mostrar que también Israel recibirá la salvación en el tiempo destinado por Dios.

* Existe gran necesidad por la predicación del evangelio y gran responsabilidad con respecto al escuchar el evangelio.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. La oración por la salvación de los perdidos debe ser una petición constante delante de Dios. Esto debe ser un anhelo que nace del corazón y se expresa en una oración intercesora que clama por la incorporación de los perdidos al pueblo de Dios. Así que no debe ser nunca una oración fría, carente de toda pasión.

1b. Es probable pretender servir a Dios y creer que es así, pero sin tener una relación viva con Cristo. El apóstol Pablo puede ser testigo -y lo dice por experiencia propia- del celo que sienten los judíos hacia las cosas de Dios. Pero este celo carece de sentido cuando dejan de lado la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo. Puede haber mucho empeño religioso, pero si no estamos unidos a Cristo, todo lo que hagamos es fruto de nuestra carne, y nada más que fanatismo, el mismo que se ve en otras religiones.

1 y 4. Podemos vivir en incredulidad por falta de conocimiento o por rebeldía. Lo último es lo peor. Los judíos habían escuchado la palabra del Señor, habían entendido su significado, pero no lo habían aceptado. No querían dejar su propia justicia (ser justos a sus propios ojos por todo lo bueno que habían hecho). Cuanto más `religiosos' somos, más difícil se nos hace vivir de la gracia; descansando sólo en nuestras propias obras, y no en la obra de Cristo.

2. Cristo es el fin de la ley; Él puso término a ella. El evangelio muestra, para aquellos que lo han abrazado, que nunca, por sus propias fuerzas, serán capaces de obedecer a Dios y guardar sus santos mandamientos, y les revela que hay otra justicia: la obediencia de Cristo y su sacrificio vicario en la cruz. Dios está contento con Jesús y con todos aquellos que esperan toda su salvación de Él.

3. La incredulidad por falta de conocimiento, muestra la urgencia de la predicación del evangelio a todas las naciones. Dios en su misericordia envió a su Hijo para morir; envió su Espíritu para obrar en los corazones; envió a ... nosotros para que fuéramos instrumentos a fin de llamar a la gente a la reconciliación con Dios.

Romanos 11

1. (11,1-10) Pablo citó en cap. 10,20-21 la profecía de Isaías donde dice que Israel es un pueblo rebelde. Esto, sin embargo, no significa que Israel deja de ser pueblo de Dios; al contrario, Pablo desmiente con énfasis, "de ninguna manera". Su propia persona es un ejemplo vivo de que no es así; él también es Israelita y creyente en Cristo. Pero hay otra razón, mucho más importante para afirmar que Israel sigue siendo el pueblo de Dios: Dios ha elegido a su pueblo en amor; Pablo dice de ellos: "Al cual antes conoció". Conocer (véase Amós 3,2) significa escoger y conocer en amor. De este pueblo siempre había existido un remanente escogido por gracia. Podemos decir: dentro de la elección (del pueblo de Dios como pueblo en general), hay otra elec­ción, más íntima: la elección del remanente, como los siete mil que Dios se había reservado en los días de Elías.

  Como prueba de que Dios no ha abandonado a su pueblo, Pablo dice que todavía existe este `remanente'. También en el tiempo de los apóstoles había muchos judíos que creían en Jesús como su Señor (comp. Hechos 21,20: "...cuántos millares de judíos hay que han creído"). La salvación no depende del hombre, depende de la gracia de Dios. Por eso hay también judíos que viven de esta gracia habiendo dejado de confiar en sus propias obras. Pablo muestra que gracia y obras no son compatibles como medios para obtener la salvación.

  Esta es la tragedia de gran parte de Israel: quiso alcanzar algo (ser justo delante de Dios), pero en realidad no lo alcanzó. Buscó de mala manera y por su propia fuerza en vez de confiar en la gracia de Dios. Los escogidos sí lo han alcanzado simplemente confiando en la bondad de Dios. Los demás fueron endurecidos. También ahora debemos decir que su endurecimiento era el castigo sobre y el resultado de su propio endurecimiento (comp. Romanos 1,24; la entrega de Dios a la inmundicia era producto de la propia idolatría de los hombres). Pablo lo muestra con palabras de la Torá (Deut. 29,4), de los profetas (Isaías 29,10) y de las escrituras (Salmo 69,22 y 23). En todos los casos se trata del juicio de Dios (el endurecimiento) sobre el pecado de rebelión contra Dios. En la última cita escuchamos una maldición del salmista hacia sus enemigos, los enemigos del Señor. Éste pide a Dios que ponga término a la superabundancia de sus adversarios. Pablo, aplicando este versículo a los israelitas, iguala al pueblo de Dios con sus mismos adversarios.

* Dios siempre reserva un remanente de Israel conforme al amor de su elección. Ella muestra que la salvación se debe enteramente a la gracia divina y no a las propias obras.

2. (11,11-15) Pablo explica algo del maravilloso plan de Dios acerca de la salvación del mundo. En este plan está incluído el tropiezo de Israel. No tropezó para caer (definitiva­mente en la perdición eterna). Así como la perdición del faraón (véase cap. 9, 17) tenía que servir al ensalzamiento del nombre de Dios y a la salvación de Israel, así el tropiezo de Israel (es decir: su incredu­lidad relativa a Jesús) tiene que servir a la salvación de los gentiles; pero finalmente también a Israel mismo. Dios da su salvación a los gentiles para que su pueblo sienta celos de ellos, por causa de que los gentiles pueden participar en los derechos destinados a Israel, y para que Israel vaya a buscar las bendiciones de Dios en Jesús. De esta manera, la salvación, por decirlo así, tiene una ondulación:

a.   la salvación viene de Israel (por causa de su incredulidad) a los gentiles (11b, 12a y 15a)

b.   vuelve después a ellos; los gentiles les provocan a celos, pero esto desemboca finalmente en la restauración de Israel (11c, 12b y 15b)

c.   la bendición final de Israel, a su vez, será de rica bendición para los gentiles (12b y 15b)

Así hay ganancia de la pérdida.

  En el v.12 Pablo hace ver, que cuando su trans­gresión (el no aceptar a Jesús como el Mesías) significa riqueza para el mundo (extensión de la salvación a los gentiles), entonces, cuanto más su plenitud. La RV tradu­ce: "plena restauración", pero puede significar también: Israel en su totalidad (no solamente un remanente, sino todo el pueblo de Israel). Cuando Israel reciba la fe (en Jesús) como pueblo, el mundo recibirá mucho más bendiciones.

  Con estas palabras, Pablo se dirige a los gentiles (los creyentes de los gentiles de Roma como sus represen­tantes), mostrando su ministerio. Él predica el evangelio a los gentiles también para salvar a algunos de su propio pueblo; poniéndoles celosos cuando ellos vean el progreso del evangelio en el mundo.

  Pablo repite en el v.15 el mismo pensamiento que en v.12: si la exclusión de Israel (temporal y por Dios) significa la reconciliación del mundo (por medio de la predi­cación del evangelio), ¡cuánto más bendiciones incluye la admisión (de nuevo, por Dios) de su propio pueblo!: vida de entre los muertos. El mundo recibirá las más ricas bendiciones cuando Dios restaure su relación con Israel, comparable sólo a la visión de Ezequiel 37. La bendición será como la resurrec­ción. ¿Tenemos que pensar aquí en un avivamiento mundial antes de la segunda venida de Jesús? ¿O tenemos que pensar en la restauración de esta tierra (la nueva tierra y el nuevo cielo) inmediatamente después de que Israel se haya convertido al Señor Jesús? La primera opción me parece mejor, puesto que la restauración de Israel llevará bendición para los gentiles.

* Por la incredulidad de Israel, Dios se dirigió a los gentiles; pero con el propósito de volver a su pueblo. Las dos acciones de Dios están llenas de bendiciones.

3. (11,16-24) El modo en que Dios procedió con Israel no es motivo para que los gentiles se sientan orgullosos. Su pueblo permanece siendo un pueblo santo. Pues, Pablo considera al pueblo santo por sus primicias (los primeros creyentes) y por su raíz, los padres Abraham, Isaac y Jacob. Tras ellos está el pacto y la fidelidad de Dios. Los padres y los primeros creyentes en Jesús existen por su gracia. Pablo compara a Israel con las ramas de un olivo. Si ellos son desgajados por Dios y los gentiles son injertados, significa que los gentiles (como ramas silvestres), también pueden ser desgajados (si viven en incredulidad). Al revés: Dios puede injertar nuevamente las ramas que pertenecían antes al olivo (Israel). Los gentiles no están en el lugar de Israel, sino que fueron añadidos al olivo Israel. Este olivo les lleva a ellos y no al revés. Por lo tanto, no hay ninguna razón para que se ensoberbezcan, sino para que teman. Deben conocer la severidad de Dios relativa a Israel: Él desgajó las ramas de su propio pueblo por su incredulidad, para sacar la conclusión que también ellos, los gentiles, serán desgajados si caen en incredulidad. Por otra parte, deben admirar la bondad de Dios, para con ellos, si perseveran en la fe; ya que Él le ha mostrado su infinita gracia recibiéndolos como parte de su pueblo.

  Pablo termina este trozo diciendo que es seguro que el pueblo de Israel en su totalidad pueda volver a ser injertado nuevamente en su propio olivo, y esto con mayor razón que los gentiles que fueron injertados como ramas silves­tres, ¡pues Israel es el pueblo de su pacto!

* No nos sintamos orgullosos en comparición con Israel. Como gentiles no somos más que ramas silvestres. Dios tiene preparado un día de misericordia para su pueblo.

4. (11,25-32) Pablo nos habla acerca de un misterio. Este misterio no significa un secreto que queda escondido, sino una cosa maravillosa dentro del plan de Dios que no es conocida por la mayoría de los creyentes. El misterio incluye:

a.   hay un endurecimiento parcial (no todos los Israelitas están endureci­dos) sobre Israel.

b.   Esto durará hasta que el pleno número de los gentiles haya entrado en el reino de Dios.

c.   En este tiempo, todo Israel, es decir, como pueblo y no algunos, será salvo.

La palabra `luego' o `así', tiene tanto signifi­cado temporal (después de la entrada de los gentiles escogidos) como causal: la conversión de los gentiles es una condición con respecto a la conversión de Israel. Este pensamiento está basado en las Escrituras como lo que dice Isaías en el cap. 59.

  Aún Israel es enemigo, en el sentido que está (temporalmente y en cuanto a la parte incrédula) excluído de la gracia de Dios y bajo su ira, pero amado con respecto a su elección (elección equivale aquí casi al pacto de Dios con Israel). Todas las bendiciones (privilegios y llamamiento, véase cap. 9,4-5) son irrevocables; Dios guarda su fidelidad para con ellos por siempre. En los vv.31 y 32, Pablo repite lo que dijo antes en los vv.12, 13 y 15. Por la desobediencia de Israel, Dios extendió su misericordia a los gentiles; pero nuevamente se produce una ondulación: Dios se volverá a su pueblo; como en el pasado Él sujetó a todos en desobediencia, así ahora tendrá misericordia de todos.

* Israel recibirá la misericordia de Dios, una misericordia debida a su fidelidad sin doblez.

5. (11,33-36) Pablo termina su descripción magistral del plan de Dios referente a la salvación de Israel y de los gentiles con un himno de adoración. Canta de la sabiduría de Dios, porque le encanta el camino de Dios. Él eligió al pueblo de Israel. Cuando ellos no creyeron en Jesús, desgajó algunas ramas (Israel es como un árbol), e injertó otras ramas (los gentiles como nosotros, no-judíos). Sin embargo, el Señor injertará nuevamente las primeras ramas (Israel). Luego de toda su exposición, Pablo exclama en adoración: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios". La salvación de Israel y de los gentiles proviene de las riquezas de Dios. En su sabiduría la planificó enviando a su propio Hijo como sacrificio por los pecados. Con mucha inteligencia la planificó, nadie podría hacerlo de esta manera. Ningún ser humano puede entender los caminos del Señor, ni sus decisiones (mejor traducción que juicios), ni su forma de actuar. Con dos citas del AT (Is 40,13 y Job 41,11) Pablo muestra que Dios es elevado sobre cada uno de nosotros. Nadie puede pensar y decidir tan bien como lo hizo Él. Nadie es capaz de ser "consejero de Dios". Él no nos debe nada a nosotros, todo lo contrario, nosotros le debemos a Él. Pablo concluye su exclamación con una afirmación teológica:

a.   Todas las cosas son de Dios. Dios es la fuente de nuestra salvación. El inventó, por así decirlo, la salvación; ella nació desde la profundidad de su corazón lleno de amor. Ninguno del pueblo de Israel o de nosotros le pidió al Señor que para salvarnos, mandara a su Hijo.

b.   Todas las cosas (de nuestra salvación) vienen de Dios. Él es la fuente de nuestra redención, por medio de Jesucristo. ¿Quién podría llevar a cabo la salvación? ¿Qué podemos hacer para el perdón de nues­tras faltas? ¿Quién puede reparar este gran pecado: la muerte de Jesús? Nadie, pero la cruz de Jesús es precisamente  el remedio contra este pecado y el origen de nuestra salvación.

c.   Todas las cosas (de nuestra salvación) son para Dios, para su gloria. Le debemos honra y gloria por lo increíble que Él hizo. Dios es bueno, Dios es amor; pero un amor precioso y carísimo. Le costó a Dios a su Hijo y esto lo hizo para demostrarnos la riqueza de su misericordia. Glorifiquemos al Señor.

* La sabiduría y el inmenso amor de Dios han de llevarnos a la adoración.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1. La elección es la base de la subsistencia del pueblo de Dios. Mucha gente piensa que la creencia en un Dios de elección significa creer en un Dios caprichoso. No obstante, la elección de Dios es la garantía de que siempre hay un pueblo que conoce a Dios. En Israel podemos verlo claramente. Pese a su incredulidad, hay muchos que sí han creído en Él y lo seguirán haciendo.

2. Dios actúa en forma admirable con su pueblo, incluso la incredulidad de Israel había de servir a los propósitos de Dios. La manera en que Dios actúa se parece a una ondulación. Por la incredulidad de Israel, la salvación va a los gentiles; por sentirse celoso de ellos, el evangelio regresa a Israel. Si este pueblo será restaurado nuevamente, entonces con mayor fuerza el evangelio volverá al mundo. El judío Isaac da Costa escribió:

"La marcha del evangelio es como la del sol. Ambas marchas tienen la forma de un círculo. El evangelio volverá un día a Jerusalén, para salir de allí con fuerza aumentada. La obra misionera pequeña tiene lugar. La obra grande aún debe tener lugar y la tendrá a través de Israel".

¿Será así? Por lo menos sabemos que Israel un día llevará mucho fruto para el bien del mundo.

3-4. Si Dios ha castigado la incredulidad de su pueblo, con mayor razón debemos cuidarnos. En la iglesia a menudo se afirma que ella (la iglesia) ha tomado el lugar de Israel. A esto se lo llama la "teología de la sustitución". Esta teología parte de que Dios ha abandonado a Israel por su incredulidad. Pablo, en este capítulo, nos enseña otras cosas:

a.   Siempre hay y había en Israel personas que depositaron su fe en Cristo.

b.   Si Dios ha mostrado su ira hacia la incredulidad de Israel, ¡cuánto más tenemos que temer nosotros su ira si caemos en la incredulidad!

c.   Los dones y el llamamiento son irrevocables. Si no creemos que Dios se apiada de Israel, ¿qué garantía tenemos que se apiadará de nosotros? La fidelidad de Dios está en juego.

d.   Aunque hasta el momento hay sólo un remanente de Israel, llegará el día en que Dios salvará a Israel como pueblo.

5. La salvación nació en el corazón de Dios, Él la llevó a cabo; para Él sea la gloria.

La salvación es para nosotros, pero proviene de Dios. Nadie era capaz de inventar un camino tan maravilloso para poder llegar a Dios. Por tanto, el que se gloría, gloríese en el Señor.

Romanos 12

1. (12,1-8) En este capítulo encontramos ejemplos prácticos de la vida cristiana, la cual es una vida nueva. Pero, con respecto a esto, Pablo no es legalista, ni moralista; él dice: "Os ruego por las misericordias del Señor". Las pruebas de la misericordia de Dios mostrada en Jesucristo hacia los pecadores que vivían bajo su ira, son el mejor motivo para responder con una vida consagrada a Él. La respuesta abarca varios aspectos: nuestra vida como miembros de la iglesia (cap. 12), nuestra relación con el gobierno (cap. 13), pero también nuestra actitud frente a los hermanos que tienen opiniones opuestas a las nuestras (cap. 14 y 15).

  Las palabras `os ruego' significan literalmente: "os exhorto, os suplico". Pablo habla con autoridad apostólica. El contenido de su exhortación se dirige a la vida nueva; pide presentar los cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Pablo utiliza términos del culto del templo para indicar que el sacrificio en la nueva dispensación es nuestra propia vida. Por eso habla de `vuestros cuerpos' y de un `sacrificio vivo', que se diferencia de los sacrificios de animales en el AT. (nótese que habla de nuestros cuerpos; comp. Rom 6,12-13). La enseñanza apostólica va más allá de "entregar el corazón a Cristo". Dios reclama todo nuestro ser. Con nuestro espíritu y cuerpo debemos consagrarnos a Él mediante una vida con la cual Dios se contenta. En una palabra, Pablo lo llama: vuestro culto racional. La palabra griega (logikos) significa que nuestro culto debe ser inteligente, no algo automático e inconsiderado.

  En el versículo 2 explica en qué consiste esta vida nueva. Negativamente consiste en no conformarse a este siglo. `Siglo' significa aquí: el mundo dominado por el pecado. Por lo tanto, no se debe mostrar una vida conforme al estilo del mundo pecaminoso. Positivamente, habla de una transformación por medio de un nuevo estilo de pensar. El griego usa la palabra `metamorfosis'. Por eso se trata de un cambio completo. La forma anterior de pensar no tenía nada que ver con los mandamientos del Señor, con la obediencia a Dios, ni con una vida santa. Para actuar diferente hay que pensar diferente. La bondad y la santidad de Dios deben tener su influencia en nuestra vida. Así vamos a buscar la voluntad de Dios, lo que es bueno y perfecto, en conclusión: lo que es agradable ante los ojos de Dios.

  Desde el versículo 3 Pablo habla de las relaciones mutuas dentro de la iglesia. Esto lo enfatiza nuevamente con autoridad (por la gracia que me es dada= en virtud de la autoridad que Dios me ha concedido). Acentúa la humildad dentro de la hermandad: no tener un concepto demasiado alto de sí mismo, menospreciando a los demás, porque cada uno ha recibido fe que se expresa en dones impartidos por Dios. Nuestro propio don no es razón para alzarse sobre los demás. Pablo lo demuestra con su ejemplo preferido, el del cuerpo. Cada miembro tiene su propio lugar dentro del cuerpo y por ende se complementan unos a otros.

  Pablo enumera 7 dones:

a.   Profecía. Es hablar en base de la revelación y por inspiración sobre el gran porvenir o sobre la voluntad de Dios para la actualidad.

b.   Servicio. No se especifica en qué, sin embargo, los que tienen dones para servir, pueden hacerlo para el bienestar de los demás.

c.   Enseñanza. Enseñanza de la fe cristiana

d.   Exhortación. Consolación desde el `púlpito' o consejería en privado

e.   Repartir. dar para las necesidades de los demás con generosidad

f.    Liderazgo. La palabra puede también significar cuidar o dar ayuda, pero en el NT indica más el liderazgo; se debe hacer con diligencia o afán

g.   Misericordia. Preocuparse de los enfermos, las viudas u otros que están en apuro

* Las misericordias del Señor nos piden una vida santa, agradable al Señor en servicio y humildad frente a Dios y nuestros hermanos.

2. (12,9-21) De los versículos 9 y siguientes Pablo da varias exhortaciones concernientes a la vida cristiana, tanto con respecto a los hermanos, como en nuestra relación con la sociedad que nos rodea. En primer lugar habla acerca del amor. Menciona algunos aspectos del amor cristiano. Este debe ser:

a. Amor sin fingimiento. Literalmente dice, "sin hipocresía". No debemos fingir interés en los demás, aunque no tengamos amor por ellos, sino que debemos demostrar el verdadero amor.

b. Amor genuino. A menudo la buena relación está afectada por el egoísmo. Por lo tanto Pablo nos ruega aborrecer lo malo y seguir lo bueno y mantener la buena relación con el prójimo. 

c. Amor fraternal. El griego usa en el v.10 la palabra `filadelfia' para amor fraternal. Somos hermanos, tenemos a Cristo Jesús como nuestro Hermano, por tanto en nuestras relaciones debe existir un profundo amor, digno de la familia de Dios.

d. Amor humilde. "En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros." Otra traducción: "Estimen a los otros como más dignos". El amor incluye respetar al hermano y no estimarse a sí mismos como los únicos que se hallan en condiciones de hacer las cosas.

  En el v.11, Pablo sigue hablando del amor, pero ahora dirigido hacia Dios. "En lo que requiere diligencia, no perezosos". En el cumplimiento del deber no conviene ser flojos, ni trabajar lo menos posible, sino ser fervorosos, fervientes, ardientes en el Espíritu.

  "Gozosos en la esperanza..." Pablo nos anima a esperar y gozarnos en la esperanza. Ser pacientes, pers­everando en las pruebas; porque la Palabra del Señor es fiel y sus promesas se llevarán a cabo. Por este motivo podemos seguir confiando en Dios, sin perder el ánimo.

  "Constantes en la oración". Este es el camino mediante el cual podemos perseverar en las pruebas y estar gozosos en la esperanza. En la oración, pues, apelamos a la bondad de Dios.

  En los versículos 13, 14 y 16 y los siguientes Pablo trata de nuevo sobre el amor.

e. Amor generoso. El amor debe preocuparse de las necesidades de los hermanos y abrir la casa para ellos. Pablo probablemente tiene en mente a los evangelistas que viajaban de un lugar a otro. La iglesia tiene que cuidar de ellos.

f.    Amor por el enemigo. Amar a la gente que no pertenece a la iglesia, a los que incluso persiguen a los creyentes. Ellos son llamados para bendecirlos. Pablo menciona aquí palabras de Jesús, las cuales hallamos en el llamado sermón del monte. Los mandamientos del Señor, concernientes al amor, impresionaron mucho a los discípulos y determinaron la ética cristiana.

g. Amor simpático. El amor cristiano muestra interés en el hermano y en los demás, incluyendo "gozarse con los que se gozan y llorar con los que lloran". Esto es lo contrario de una actitud fría y egoísta, ya que sabe compartir la alegría y la tristeza de los hermanos. Esa es la comunión que nace del amor verdadero.

h. Amor armonioso. La armonía sólo puede florecer cuando existe humildad, cuando ningún hermano se alza y piensa que es mayor que el otro. Al contrario, hay que acomodarse a las cosas humildes (el griego se puede también traducir así) o asociarse con gente humilde. Para el amor no existe gente inferior, ya que todos son criaturas de Dios.

i.    Amor que desiste de venganza. El amor cristiano implica no pagar mal por mal a nadie, sino desear lo mejor para todos. El amor es libre de odio y busca la paz con todos, cuando es posible, depende por supuesto también de los demás, si anhelan la paz o no. Pero si no la quieren, igual el amor debe desistir de venganza, ya que nuestra venganza nunca es pura, siempre está mezclada con odio. Hay que dejar la venganza a Dios; a Él corresponde el juicio. El creyente debe pagar bien por mal; dar a su enemigo comida y bebida si necesita. Así amontaremos ascuas de fuego sobre su cabeza: le haremos sentir vergüenza. La única forma de manejar lo malo es bendecir, ayudar y amar. La única manera para vencer el mal es hacer bien. Sólo el amor tiene fuerzas para quebrantar el odio.

* El estilo de vivir del creyente refleja la forma en que Dios actuó: vencer el odio con el amor, el amor que le costó a Cristo su vida.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. La misericordia de Dios debe despertar en nosotros una actitud de constante adoración. El apóstol Pablo exhorta a los creyentes para que vivan de acuerdo a su nueva vida en Cristo. Esta exhortación está fundada en las misericordias de Dios. El Señor ha hecho tantas cosas por nosotros, nos ha predestinado para al último glorificarnos, nos ha dado su Espíritu, santificado nuestras vidas y ha enviado a Jesús para rescatarnos de la condenación. Por todo esto y mucho más, el creyente no puede ser un indiferente a las cosas de Dios; él está llamado a rendir adoración por la gran salvación que ha recibido. Esta adoración debe ser hecha con todo nuestro ser; no es algo que decimos a Dios solamente, sino también algo que hacemos: entregar nuestros cuerpos (y no sólo el corazón) en santidad para la gloria de Dios. Este debería ser el culto diario de un cristiano. Un culto espiritual que estima sobremanera la obra de Dios; un culto que no se conforma a un sólo día, sino a todos los días de nuestras existencias.

1b Para adorar bien, hay que pensar bien. Ahora que estamos en nueva vida no podemos ajustarnos a los patrones de este mundo, no debemos dejarnos moldear por este sistema arrastrado por el pecado. Nuestra nueva vida sólo puede ser alimentada por la Palabra de Dios; a través de su lectura y estudio, Dios transformará por medio del Espíritu Santo nuestra forma de pensar; de tal manera que lo que antes tenía interés para nosotros, ahora cede lugar al deseo de querer agradar a Dios. Unicamente por medio de la Palabra estaremos en condiciones de conocer la buena voluntad de Dios para nuestras vidas.

1c. Reconocer la importancia de cada hermano es fundamental para el fortalecimiento de la iglesia. La iglesia es como un cuerpo compuesto de muchos miembros y todos con una labor específica, pero necesitados unos de otros. En la iglesia de Cristo no debería existir la jactancia por ciertos dones que se poseen. No, todo hermano es un don de Cristo, y cada uno de ellos tiene una participación específica dentro de la comunidad de redimidos. Es por tanto labor de los líderes de una iglesia tratar de incentivar a los hermanos a la participación, y buscar el reconocimiento de aquellos que tienen dones de cualquier índole. El Señor bendecirá el reconocimiento mutuo, y la interacción de los dones dentro de su pueblo.

2a. Las palabras de afecto pierden sentido si ellas no nacen de un amor genuino. Es nuestra costumbre en la iglesia decir "hermano", pero ¿consideramos lo que realmente significa esto?; también es usual decir "Dios te bendiga", mas ¿deseamos ser instrumentos de bendición para su vida?

  Puede ser muy fácil ocultar sentimientos de amargura o de rencor a través de las palabras. El amor debe ser real en nuestras relaciones con los hermanos, pues de no ser así sólo se estaría cayendo en hipocresía. Se ama sinceramente cuando aborrecemos lo malo, deseando estar más cerca siempre de Dios.

2b. La batería de nuestro fervor es el amor de Cristo; el amor que lo llevó a la cruz a morir por nosotros. Estamos en peligro de que muchas veces se apague el fuego de nuestra diligencia y empeño. Sólo podemos ser ardientes por el fuego del Espíritu Santo, quien derramó el amor de Dios en nuestro corazón. ¿Conocemos y mantenemos este secreto de la misericordia de Dios? ¡El ánimo para ser útil en el reino de Dios no depende de los resultados, sino del amor de Dios!


 

Romanos 13

1. (13,1-7) En el capítulo 13 encontramos observaciones importantes acera de la obediencia que le debemos al gobierno, a los que están sobre nosotros en el ejercicio de la autoridad. No sabemos cuál era el motivo del apóstol Pablo para escribir sobre esta relación. Posiblemente había dentro de los creyentes en Roma dificultades concernientes al pago de los impuestos; presumiblemente falta de respeto por el gobierno; comprometiendo de esa manera la fe cristiana. Si es así, Pablo quiere subrayar que la fe cristiana de ningún modo promueve la revolución, ni la rebeldía.

  Pablo nos enseña que Dios es la fuente de la autoridad, y que los que ejercen autoridad, aquí en la tierra, la toman de Él. Por eso hay que obedecer a los autoridades, de tal modo que podemos decir: el no obedecer a las autoridades, equivale a desobedecer a Dios. El gobierno humano es una institución de Dios para nuestro bienestar. Una manera de servir a Dios es hacerlo a través de nuestra obediencia al gobierno. Sin embargo, hay un límite; aunque Pablo no lo menciona aquí, sí lo encontramos en otros pasajes de la Biblia. Cuando las autoridades mismas violan el límite puesto por Dios, exigiendo tal obediencia que implique desobediencia a Dios (Compare Hechos 5,29) "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres". No obstante, si las autoridades actúan de acuerdo a lo esperado por ellos, es decir, correctamente, es nuestro deber obedecerles. Haciendo esto, no hay que esperar algo malo del gobierno, sino `alabanza'. El gobierno romano tenía por costumbre hacer inscripciones de nombres de personas que habían hecho grandes beneficios.

  El gobierno (en la mayoría de los casos) sin saberlo, es siervo del Señor. En caso que no nos portemos bien, hay que temerle, porque "no en vano lleva la espada." Posiblemente Pablo piense en la costumbre en donde los magistrados llevaban delante de ellos una espada cuando tenían que juzgar, lo que simbolizaba su autoridad sobre la vida y la muerte. Este versículo (4) nos dice claramente que es el deber del gobierno proteger a los ciudadanos; además, no dice directamente que el gobierno tiene el derecho hasta de aplicar la pena de muerte. A lo más podemos decir que este pensamiento está implícito en las palabras de Pablo, aunque tenemos que admitir, sólo en último caso.

  El castigo no es la única razón para obedecer a las autoridades, también es por causa de la conciencia: la conciencia sabe lo que es bueno y lo que es malo. Esto nos motiva a practicar lo bueno, no sólo por el temor a ser castigados, sino porque nuestra conciencia lo demanda.

  Aceptar la autoridad del gobierno implica pagar los impuestos. Las autoridades ponen mucha atención sobre todo en este aspecto. Los cristianos no deben comprometer la fe por negligencia en este sentido. Hay que respetar el orden divino y por tanto pagar los impuestos y el respeto a quién se le debe.

* La obediencia a Dios se expresa también en la obediencia a las autoridades, aunque hay ciertos límites: no podemos comprometer la fe.

2. (13,8-10) El apóstol vuelve tanto al capítulo 12, tocando nuevamente nuestra relación con el prójimo, como a la palabra `deber' del v.7. El deber del creyente es en un sentido general el amor, porque el amor es el cumplimiento de la ley. Es importante pensar en estas palabras de Pablo. Muchas veces estas son malentendidas, como si fuese la intención de Pablo decir que el amor es más importante que el mandamiento concreto. Sin embargo, el amor no deja de lado los mandamientos. Pablo no quiere decir que el amor anula los mandamientos, sino que los cumple; es decir: el amor permite que los mandamientos cumplan su propósito. El amor es el cumplimiento del mandamiento porque el amor no hace mal, no daña en ningún sentido al prójimo. Por tanto, podemos verificar nuestro amor por el prójimo mediante la pregunta: ¿hemos dañado al prójimo o no? El verdadero amor busca solamente su bienestar.

* ¿Mostramos el mismo amor a nuestro prójimo tal como el Señor nos lo mostró a nosotros?

3. (13,11-14) Pablo ha exhortado a la iglesia, animándola a mostrar amor. Ahora explica por qué es trascendental vivir conforme a la Palabra de Dios: el pronto retorno de nuestro Señor Jesucristo. Apela al conocimiento que posee concerniente al tiempo en que vive. La palabra `kairos' significa "el tiempo decisivo". Aunque nadie sabe la hora exacta, nosotros sí sabemos que la venida del Señor Jesús está cerca. El paso de los días nos acerca más a su retorno. El N.T. puede hablar de la prontitud de la venida de Jesús porque lo decisivo ya aconteció: su muerte, resurrección, ascensión y el derramamiento del Espíritu Santo. El tener conocimiento de la proximidad de la venida de Jesús es motivo más que suficiente para levantarse del sueño y comenzar a vivir al encuentro del Señor; ésto debemos hacerlo por medio de una conducta que le agrade, pues la salvación está más cerca del día que nos encontramos por primera vez con Él. Pablo entiende aquí por salvación la salvación final, incluyendo lo que Dios hizo en el pasado (la justificación) y en el presente (la santificación). No obstante, ahora piensa sobre todo en la futura redención de todo: del pecado, de la muerte, y de cualquier circunstancia ardua; además tiene presente la vida en la gloria y en la presencia del Señor. La noche es avanzada, ha pasado ya mucho tiempo y se acerca el día que trae a Jesucristo en gloria y majestad. El día de su venida ya nos alcanza; el resplandor de la gloria de Cristo ya echa su sombra sobre los últimos tiempos.

  La "noche" tiene también otro significado: no sólo el tiempo en el cual el Señor todavía no ha venido, sino el dominio del reino de Satanás. La predicación de la cercanía de la venida del Señor es por tanto una exhortación profunda que nos llama a vivir una vida `celestial', es decir, conforme al estilo del reino y del Rey que vienen; una vida que pueda soportar la luz del día. Pablo usa un lenguaje metafórico preferido por él: vestirse con las armas de la luz. (Véase también Efesios 6,10-17). Vivir en la luz es una lucha continua en donde se necesita armas para vencer al mal. El tiempo de los verbos que Pablo usa son como en el capítulo 6 el `aoristo', lo que se relaciona con lo que los miembros de la iglesia hicieron en el pasado, una vez para siempre cuando ellos conocieron a Jesús. Pero esta conversión tiene sus implicaciones diarias; ellas son: desechar toda maldad, no emborracharse, ni vivir en lascivia o libertinaje, tampoco en lucha y envidia. En cada tiempo hay diferentes luchas y diferentes pecados, pero todos tienen en común la vida según los propios deseos de nuestra `carne', la vida dominada por el pecado (v.14). No hay que atender a los ruegos de la carne, dice Pablo.

  Lo contrario de esta vida no es tratar de vivir mejor, producto de nuestros propios esfuerzos, sino vestirse de Cristo, empaparse de Él, vivir en comunión con Él. Sólo en esta comunión, nuestra vida recibe un nuevo rumbo, una vida para la gloria de Dios.

* La venida del Señor Jesús está cerca. ¿Predicamos de esta verdad a través de nuestras propias vidas como miembros de la iglesia?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Los creyentes le debemos al gobierno respeto, obediencia (¡impuestos!), oración, y si es posible, una participación activa. El creyente no puede estar al margen de los acontecimientos que competen al gobierno, ni menos dejar de cumplir con sus deberes para con él. Si consideramos que Pablo escribe esta carta durante el período del emperador Nerón, un pésimo gobernador romano, entonces debemos concluir que nuestra obediencia al estado es seria, pero siempre y cuando no atente contra nuestra fe en Jesucristo. También es de mucha importancia que oremos por aquellos que nos presiden en el gobierno de la nación. La iglesia dará buen testimonio si ella se integra en forma activa en los quehaceres de la nación, levantando una voz profética cuando ella sea necesaria.  

1b. No se puede concluir de este capítulo una actitud de obediencia incondicional, sea como sea el gobierno. De ninguna manera el primer versículo justifica actos de crueldad hacia los ciudadanos, como sucedió en Alemania en el tiempo de Hitler y que están sucediendo en regímenes dictatoriales. ¿Se debía obedecer al gobierno alemán cuando éste ordenó no esconder a los judíos?

  Pablo, aunque conoce las crueldades del gobierno romano, tiene aquí en mente sobre todo las bendiciones del gobierno. No habla acerca de un gobierno que no merezca respeto por su comportamiento satánico, como en el caso de Apocalipsis 13.

2a. No hay obediencia agradable a Dios sin amor; pero tampoco amor sin obediencia a sus mandamientos. Lo que agrada al Señor es el cumplimiento de sus mandamientos a través del amor. Hay teólogos que dicen: "todo lo que es hecho en amor es bueno". En cuanto a esto, no podemos por ejemplo decir, que los contactos sexuales prematerimoniales o de homosexuales sean buenos porque "hay amor" en ellos. El amor no pasa por alto el pecado, ya que el amor se expresa en obediencia a los mandamientos concretos de Dios.

2b. No podemos cumplir los mandamientos del Señor con nuestro propio esfuerzo. Solamente podemos demostrar amor, si conocemos el amor de Dios en Jesucristo hacia nosotros.

3a. Los creyentes vivimos entre el `ya' y el `todavía no'. Con la llegada de Jesús se ha inaugurado la nueva era; por otro lado su reino aún debe venir en plena gloria. Por esa razón, Pablo puede hablar de la cercanía del día de Cristo. No importa que haya transcurrido mucho tiempo entre su primera y segunda venida, pues "para el Señor mil años son como un día" (2 Pedro 3,8).

3b. La única actitud que corresponde a la espera del gran "día" es vivir en la luz, romper con las obras de la noche (cuyo príncipe es Satanás) y de la carne. Positivamente, es vestirse de Cristo. No hay ningún progreso en la vida que agrada a Dios, si no hay comunión íntima con Él.


 

Romanos 14

  Introducción. Aunque el apóstol Pablo nunca había visitado personalmente a la iglesia de Roma, sí sabía algo de los problemas que en ella había, ya sea por noticias de hermanos provenientes del lugar o bien por la generalidad del problema que era el común en muchas congregaciones. Por lo tanto, era seguro que también en la iglesia de Roma había `débiles' y `fuertes' en la fe. Esto, se refiere a dos grupos con diferentes opiniones relativas al consumo de carne (dedicada a los ídolos) y a mantener ciertos días especiales. En cuanto a los `débiles' podemos pensar en aquellos cristianos de los judíos y gentiles que tenían problemas para dejar las costumbres antiguas, mientras que los creyentes de los gentiles y judíos que habían experimentado más su libertad en Cristo constituían el grupo de los `fuertes'. En los cap. 14 y 15, Pablo apela a ambos grupos a aceptarse unos a otros. La diferencia entre ellos no es tan grande como en otras iglesias; como por ejemplo en el caso de las iglesias de Galacia, donde se predicaba que la salvación dependía también de la circunsición. En Roma, esta dificultad no era tan seria, sin embargo, los hermanos corrían el peligro de acusarse mutuamente: los `fuertes' despreciaban a los demás por no experimentar la libertad en Cristo; los `débiles' en la fe acusaban a los demás de no cumplir la ley de Dios.

1. (14,1-12). Pablo comienza en el primer versículo dirigiéndose a los fuertes, diciéndoles que deben:

a. Recibir al hermano débil en la fe. "Débil en la fe", se refiere a convicciones débiles, no maduras; debido a la falta de experiencia de gozar la libertad en Cristo. Recibir al hermano es más que soportarle: es darle la fuerte impresión que es plenamente aceptado como hermano en Cristo.

b. Evitar discusiones. La consecuencia inmediata es que tal aceptación no armoniza con discusiones sobre (diferentes) opiniones. Hay gente que no come carne, ya que cree que es malo, porque la carne está dedicada a dioses paganos. A ellos nunca le podemos imponer nuestra opinión.

c. No menospreciar ni juzgar. Hay que aceptarse los unos a los otros, comiendo o no comiendo carne, porque Dios así nos aceptó. Esto se aplica también al débil; él tampoco debe juzgar al fuerte (4). Como el patrón, que determina si por su comportamiento su sirviente cae o está en pie, así es Cristo el Señor del fuerte. Él tiene el dominio sobre su sirviente, y Él es suficientemente poderoso para hacerle estar firme. La propia opinión del hermano débil, no significa que por eso el fuerte está cayendo.

d. Reconocer que Cristo, el Señor de ambos, es quien juzga. Otra diferencia tenía que ver con `días' (5). No se trata aquí del día de reposo, porque también en el N.T. se respetaba el día del Señor, aunque podemos observar un principio para dar énfasis en el primer día de la semana (Hechos 20,7; 1 Cor 16,2). Seguramente se trata de días especiales, los cuales fueron guardados por los judíos, como los días de la nueva luna, días de ayuno etcétera. Lo importante es si estamos seguros en nuestra propia conciencia de estar sirviendo al Señor, cuando guardamos o no estos días, comiendo o no comiendo (carne). Lo más importante no es mantener o no mantener cosas mediocres, sino mantener una correcta relación con Dios. En los versículos 7-9, Pablo lleva la cuestión a un plano más elevado. No tenemos que juzgar al hermano por una opinión diferente, debemos darnos cuenta de su relación con el Señor. Cuando creemos que  pertenecemos en la vida y en la muerte al Señor, tenemos que concluir que no somos responsables los unos ante los otros, sino ante Cristo. El es nuestro Señor, Él nos juzgará. Si tanto en la vida como en la muerte (Pablo a lo mejor hace uso en el v.8 de un himno) pertenecemos a Cristo, nuestro Señor, entonces la conclusión es (10-12), que no hay que juzgar al hermano. Cristo nos juzgará. Cada uno dará cuenta de sí mimo a Él y no a su hermano.

* Si hay diferencia de opiniones, no impongamos nuestro criterio a los demás, sólo Cristo nos juzgará. Por su muerte y resurrección somos hermanos.

2. (14,13-23) En este pasaje, Pablo añade algo importante: los fuertes no solamente no tienen que juzgar; además:

e. No deben tentar a otros a pecar, obligándoles a comer contra su conciencia. Si comen de esta manera, no sólo es contra su conciencia, también lo hacen sin fe. En el v.23, Pablo aclara que todo lo que hacemos sin fe, es pecado. Esto no significa que comer carne (probablemente dedicada a los dioses) es en sí pecado, sino que se convierte en pecado cuando se come teniendo presente en la mente que tal comida es inmunda, lo cual significa romper la plena comunión con Cristo. De esta manera se está entristeciendo a los débiles.

f.    Cristo murió por los débiles. Los fuertes deben pensar  -si quieren amar a sus hermanos débiles- que el amor no hace daño al hermano. Con palabras fuertes Pablo dice que actuar así (obligar al débil) es llevar al hermano a perdición. Aunque perder aquí no significa que el débil ya ha perdido la vida eterna; mas bien Pablo dice esto deliberadamente para enfatizar lo grave que es obligar comer al débil: incitar a alguien, por quien Cristo murió, a cometer el pecado de la incredulidad. Eso es llevar al débil al camino de la destrucción. ¿Qué hizo Jesús por ellos? No sólo se abstuvo en mucho, Él fue más allá: derramó su sangre por ellos. Que los fuertes mediten en esto; verán que Pablo no les exige demasiado.

g. Aceptar al débil, pues el reino de Dios es mucho más que comida. Obligar a los débiles que coman carne, acarrea que ellos hablen mal de "vuestro bien" (= la libertad cristiana para comer cualquier comida). No hay que dar demasiado énfasis en cosas triviales, pues el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino en justicia, paz y gozo por el Espíritu Santo. ¿Qué es lo que Dios da a los creyentes? Lo más importante no es la libertad de comer cualquier comida o bebida. Por lo tanto, no hay que imponerse el uno al otro. Lo más importante es la justicia: la relación justa y buena para con Dios y con el prójimo por el perdón, la declaración como justo por el Señor Jesús. La paz: la paz con Dios y nuestro prójimo, pues Cristo llevó nuestra culpa. Gozo: el gozo en el Señor, en su amor, en su gracia, en su presencia; el gozo también en la esperanza de estar un día para siempre con Él en su reino. Eso es lo que el Espíritu Santo realiza. Él efectúa cosas hermosas, no discusiones y peleas.

El que vive en el centro del evangelio, sin insistir que los hermanos hagan el mismo uso de la libertad cristiana tal como lo hace él (en este caso comer carne sin escrúpulos), es un buen servidor de Cristo, cuya vida agrada a Dios y es apreciado por los hombres. Esta persona contribuye a la edificación de la iglesia, buscando la paz y armonía mutua.

  En cambio, obligar al débil a ser como somos nosotros es destruír la obra de Dios. Esta persona no contribuye a la paz y la armonía; todo lo contrario, causa peleas y desconcierto. Aunque todas las cosas son limpias (Pablo aquí solamente se refiere a la comida; no es un dicho general), la pregunta es: ¿cómo las utilizamos? Cuando hacemos tropezar al débil (obligándole comer carne sin fe), abusamos de nuestra libertad. Si así dañamos a nuestro hermano, es preferible no comer en su presencia. Mejor es tener la fe en silencio (la fe que podemos comer cualquier comida sin escrúpulos), sin hacer uso de nuestra libertad en la presencia de nuestros hermanos. Practicarla siempre (la libertad en Cristo) e insistir que otros hagan lo mismo es promover que caigan en pecado; pues el que actúa contra su conciencia, sin fe, comete pecado, ya que no lo hace de acuerdo con su fe y en plena comunión con Cristo.

* Si supiéramos las cosas hermosas en las cuales consiste el reino de Dios, no pondríamos tanto énfasis en asuntos triviales.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Muchas veces las discusiones conducen a la hermandad a alejamientos. Es imposible evitar que dentro de una congregación existan diferentes opiniones en cuanto a un tema específico, como es el caso de beber o no beber vino por ejemplo (también la discusión con respecto a la sangre de animales). Muchas veces en torno a estas cosas los ánimos de los hermanos tienden a llenarse de celo por defender una postura que ellos consideran la correcta, no llegando a ninguna conclusión en amor. El apóstol Pablo aborda este problema en cuanto a las diferencias de opiniones, y nos da la clave para enfrentarlo; según esto existen dos maneras de discutir un asunto:

a. En forma carnal. Aquí solamente la discusión es hecha para tener razón. Se ponen en juego todos los conocimientos referentes a la materia (usando la Biblia) para desacreditar la posición del otro. El que tenga más argumentos será el vencedor, pero esto dejará una brecha abierta para el dolor y el resentimiento entre los creyentes.

b. En forma espiritual. Comer o no comer algo, o beber o no beber algo, no nos hace más espirituales por sobre los demás hermanos. Nuestra condición de hijos de Dios no se debe a estas cosas, sino al hecho de que Dios nos aceptó como hijos suyos. Por tanto, al discutir algún tema, primero debemos dejar el menosprecio y segundo la crítica condenatoria. Debemos aceptarnos en nuestras opiniones en cuanto a estas cosas, y buscar siempre la comunión en el Señor.

1b. Considere los motivos que Pablo menciona para desistir de la libertad cristiana: 

* Dios recibió a los débiles en la fe

* Cristo es el Señor de todos, el juicio pertenece a Él

* El débil es nuestro hermano, Cristo murió por él

* El reino de Dios consiste en cosas mucho más importantes que "comida y bebida".

2a. La Madurez espiritual no siempre es hacer uso de nuestra libertad, es poder desistir de ella por nuestros hermanos. Los creyentes maduros en la fe entienden la libertad que Cristo les ha dado, y están conscientes que comer o no comer algo no los condena. Pero esta libertad no significa que deba hacer uso de ella en todo momento, no importando que a mi alrededor se hallen hermanos débiles los cuales se escandalizarán por lo que hago. Nuestra libertad en Cristo es poder también no usarla en lugares o circunstancias poco apropiadas. Pensemos si Cristo murió por nuestro hermano y entregó su vida por él, ¿no podemos renunciar a nuestra libertad y dejar de imponer nuestra opinión? 

2b. El pecado no se limita a la infracción de la ley; "todo lo que no proviene de fe, es pecado". El apóstol Pablo habla como una persona madura en la fe, para quien no existen alimentos impuros o inmundos; pero el pensamiento de los hermanos débiles es otro. Es por esta razón que al momento de comer o beber algo es importante que lo hagamos con fe, pues de otra manera nuestra conciencia es ofendida, cayendo así en pecado, pues hacemos algo que consideramos una infracción delante del Señor. Calvino dice: "Una obra, cuan excelente y sobresaliente sea en cuanto a su forma exterior, es considerada como pecado si no está fundada en una buena conciencia. ¿Qué significa esta obediencia, cuando uno hace algo sin estar convencido de que está aprobado por Dios?".

Romanos 15

1. (15,1-13) Pablo sigue hablando acerca de los problemas que existen en la iglesia entre los débiles y los fuertes (en la fe). De nuevo levanta este asunto a un nivel más alto, diciendo que nuestra actitud tiene que reflejar la actitud de Cristo. Los fuertes (Pablo está ahora usando por la primera vez esta palabra y se identifica con ellos) tienen que soportar las flaquezas de los débiles. Soportar significa más que tolerar, significa: tener mucha paciencia en amor y no agradarse a sí mismo, sino al prójimo. Esta es la actitud espiritual: ser dominado por el Espíritu de Jesús, pensando en lo que Él hizo; Jesús no se agradó a sí mismo, al contrario, descendió a un nivel muy bajo: como Hijo de Dios fue hecho hombre y soportó muchos insultos. Pablo no menciona un ejemplo de la vida del Señor; él busca palabras de las Sagradas Escrituras, para mostrar cuál era el propósito de la vida de Jesús: sufrir tantos insultos y al final morir. Lo que Él soportó es mucho más que los pequeños problemas que hay entre creyentes.

  Ahora Pablo nos da una breve reseña sobre la importancia de las Escrituras; nos pregunta, ¿por qué razón las leemos? Para que tengamos esperanza mediante la paciencia y la consolación que las Escrituras nos brindan. Ellas nos enseñan la paciencia en medio de dificultades enormes y nos consuelan asegurándonos que podemos esperar la ayuda y protección del Señor. Si esto es así, entonces tanto más podemos tener paciencia en problemas pequeños (como comer o no comer carne).

  En el v.5 Pablo llama a Dios "el Dios de la paciencia y de la consolación" mostrándonos que es el mismo Dios quien habla a través de las Escrituras y nos proporciona estas bendiciones (paciencia y consolación). Pablo desea a la iglesia de Roma que este Dios les dé un mismo sentir

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según (= como estaba en) el Señor Jesús (véase Fil. 2,1-11).

  Las discusiones no sólo nos alejan los unos de los otros, también nos impiden cumplir el propósito de la vida cristiana: "glorificar unánimes al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo". El motivo principal para buscar la paz en la iglesia entonces es: ¡la gloria de Dios está en juego! Sin embargo, si queremos cumplir nuestro deber, nos resta un sólo camino: recibirnos los unos a los otros como Cristo nos recibió a nosotros. Él aceptó a los pecadores y murió por los enemigos. Cuanto más vivimos de este amor inexpresable, más mostraremos amor al hermano.

  Una vez más Pablo levanta los problemas a un nivel superior. De las discusiones pasa a considerar la unidad dentro de la iglesia. Ahora él se refiere a la obra de Jesús en la cual reconcilió a (los creyentes de) los judíos con (los creyentes de) los gentiles. A través de su hacerse-hombre, fue siervo de la circuncisión; es decir, llegó para servir al pueblo de Israel, para mostrar la verdad (= la fidelidad) de Dios hacia las promesas para con su pueblo. Al mismo tiempo abrió paso a los gentiles de tal modo que todos juntos puedan glorificar el nombre de Dios. Con muchas palabras de Las Escrituras (tomadas del Pentateuco, los profetas y los Salmos y citadas libremente), Pablo nos hace ver que Dios quiso también la salvación de los gentiles. Así llevó a la unidad a aquellos que estaban separados por un abismo. Solamente recordándonos la gran obra del Señor estamos dispuestos a aceptarnos mutuamente y glorificar juntos a Dios.

  Los roces producen separación, Pablo, en cambio, desea para la iglesia, que Dios como fuente de toda esperanza, les llene de todo gozo y paz en el creer. El gozo en las maravillas del Señor y la paz por la salvación tan grande, nos lleva a un nivel de aceptación dejando las disputas; nos da el deseo de esperar mucho más de Dios: la salvación final donde todos honrarán y adorarán a Dios. Las disputas impiden la manifestación del gozo y la paz. Pablo incentiva a la iglesia de Roma a buscar la abundancia, ya que en Dios tenemos tanto que esperar: aquí en la tierra, la paz, la alegría, el perdón y después su reino. Una esperanza común relativa a la gloria de Dios es el mejor medicamento contra las peleas.

* Si el Señor ha admitido al hermano débil (¡y a nosotros!) con mayor razón debemos nosotros aceptarlo.

2. (15,14-21) En estos versículos Pablo vuelve al principio de su carta en la que tenía la intención de introducirse como apóstol. Al decir que no conoce esta iglesia y que tampoco la estableció, Pablo muestra su humildad. Tiene la confianza de que la iglesia está llena de bondad y conocimiento de tal modo que los mismos miembros de la iglesia están capacitados para corregirse mutuamente. Su carta, que trata sobre el evangelio único para judíos y gentiles, es de tanta importancia que repetirlo no es un lujo superfluo. Por eso Pablo escribió esta carta con franqueza, según la gracia que le fue dada por el Señor para ser ministro de Jesucristo a los gentiles. Esta era la gran vocación de Pablo: predicar el evangelio de tal forma que él como un sacerdote podría ofrecer a Dios el sacrificio de los gentiles (su obediencia a Cristo), los que fueron santificados por el Espíritu, destinados al servicio de Dios. Esto es una metáfora muy comprensible, pues nunca antes tantos gentiles habían glorificado al Señor. Su esfuerzo, sin embargo, no era para autovanagloriarse, ya que Pablo no era más que el ayudante de Dios, como el levita era el ayudante del sacerdote. Pablo sólo quiere hablar de lo que Cristo hizo por medio de él, a través de sus palabras y obras. Las obras fueron los milagros presentados como señales de la irrupción del reino de Dios en este mundo. El resultado de esto fue la obediencia de los gentiles, la obediencia de la fe en Jesucristo. Pablo predicó el evangelio con el poder del Espíritu Santo. Ese fue el secreto de su ministerio, por el cual él alcanzó una gran parte del mundo en un tiempo tan corto. Por otra parte hay que recordar que Pablo era un pionero real que predicaba el evangelio en lugares estratégicos. Desde Jerusalén (aunque Pablo no trabajaba allá) hasta Ilírico. Aunque el libro de los Hechos no menciona esta región al oeste de Macedonia, Pablo nos informa que también estuvo allá para predicar el evangelio desde el Este hasta el centro del imperio romano, y solamente en los lugares donde nadie conocía el nombre de Jesús.

* ¿Tenemos el deseo de predicar el evangelio con poder a aquellos que no lo conocen?

3. (15,22-33) Pablo expresa su gran deseo de predicar el evangelio también en España, ubicada al oeste del imperio romano. Para él, Roma es sólo un `trampolín' que lo lanzará en misiones a España. Por su obra misionera, Pablo nunca tuvo la oportunidad de llegar antes hasta Roma, pero ahora tiene el plan de visitarla. Allá espera ser encaminado, es decir, acompañado y provisto de todo para el viaje, pero también gozarse en su presencia. Pablo a su vez, no vendrá con las manos vacías, sino con la abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. Pablo vendrá, podríamos decir, envuelto en las bendiciones del evangelio: la predicación del perdón, la paz y la salvación eterna. Sin embargo, antes, el apóstol debe ir a Jerusalén para dar a los pobres de la iglesia una ofrenda recibida por las iglesias de Macedonia y Acaya. De esta manera podían expresar la gratitud hacia la iglesia materna de quien geográficamente habían recibido el evangelio. Las nuevas iglesias recibieron bendiciones espirituales y con cosas materiales querían demostrar su gratitud.

  Mientras tanto, Pablo se prepara para el encuentro en Jerusalén con los judíos-cristianos. ¿Entenderán su método de trabajo al predicar el evangelio a los gentiles, o lo rechazarán? Teme la oposición de los que no creen en Jesús como Señor. La historia en el libro de Hechos muestra que su temor no fue infundado. Por tanto, ruega ayuda en la oración por parte de la iglesia de Roma. En realidad la palabra `orando' en el v.31 significa mucho más: luchar en las oraciones. Es una constante súplica que Dios rompa las obras de satanás, para que el Señor le dé la victoria y encuentre mucha fe y que la ofrenda que lleva sea aceptada. Para Pablo es muy importante que la unión entre las iglesias se mantenga. Termina con la bendición del Dios de paz. Solamente Él puede darnos paz en medio de circunstancias difíciles.

* ¿Mostramos amor a otras congregaciones hermanas a través de nuestra ayuda tanto material como espiritual?

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. Los hermanos maduros en la fe deben imitar el actuar de Cristo. Nuestro deber como creyentes es soportar en amor a los hermanos en la fe; esto no es lo mismo que "aguantar", sino tener paciencia con ellos, manifestándoles nuestro amor y comprensión. Si realmente mostramos amor hacia los hermanos esto será un indicador que revelará si verdaderamente conocemos el amor de Cristo. En cuanto a esto, Pablo en Rom. 15 agrega unos motivos más para aceptar al débil:

* Cristo no se agradó a sí mismo

* Cristo recibió al hermano débil

1b. Aunque tengamos diversas opiniones, todos compartimos en la adoración a Dios. Las diferentes opiniones dentro de una iglesia pueden existir (note: Pablo no habla aquí sobre opiniones en cuanto a doctrina). Pero a pesar de esto, todos los creyentes, por la gracia del Señor, adoramos al único Dios verdadero el cual es paciente con nosotros y nos consuela en todo momento. Es en esta instancia de adoración en donde todos nos unimos a una voz como un solo hombre.

1c. Recibirnos los unos a los otros es darle la gloria a Dios. Dios no solamente es glorificado en la salvación de los perdidos, sino también en la buena relación que debe existir entre los hermanos. Una iglesia dividida aunque esté trabajando activamente en evangelismo no rinde verdadera adoración a Dios en la unidad.

2a. La amonestación es necesaria dentro de la iglesia. Muchos pecados son pasados por alto a veces en una congregación, pero el apóstol Pablo dice que amonestarse los unos a los otros es un deber cristiano para mantener la santidad y unidad dentro de la iglesia. Desde luego, la amonestación debe ser espiritual, y ella sólo es posible allí en donde se está lleno de bondad (para corregir en amor) y de todo conocimiento (para corregir conforme a la Palabra de Dios).

2b. El mundo todavía es suficientemente grande para seguir predicando el evangelio. Lo que detiene la pronta visita de Pablo a Roma es su ardua labor apostólica en lugares en donde nunca antes Cristo había sido anunciado. Su deseo es llenar todo lugar con el conocimiento de Dios en Cristo. Esto es una lección para muchos de nosotros para que no sigamos disputando entre las iglesias tal o cual lugar para ver quien tiene la supremacía o mayor convocatoria. Dios quiere que la iglesia en unidad se esfuerce por enviar misioneros a otros lugares del mundo, no como enviados de la denominación, sino como apóstoles de Jesucristo. ¿Compartimos el afán de Pablo de predicar el evangelio en donde no se conoce a Cristo? ¿Oramos y ofrendamos por las misiones? ¿Queremos ser usados por Dios?  

3. Es bueno que haya una prestación recíproca de servicios entre iglesias. ¡Qué hermoso sería que llegara el tiempo cuando las denominaciones dejen de lado sus prejuicios y críticas y se brindaran apoyo mutuo, no sólo en lo material sino en lo que competa a la obra de Cristo! Solamente con la unión de fuerzas es posible hacer más por la extensión del evangelio. Es verdad que en cuanto a doctrina pueden haber ciertas desavenencias, pero si  nuestra intención es predicar a Cristo crucificado y resucitado bien podemos realizar empresas de evangelización en forma mancomunada.


 

Romanos 16

1. (16,1-16) Pablo termina su carta con saludos. Pero ¿cómo puede Pablo saludar a una iglesia tan específicamente cuando nunca la ha visitado? Muchos comentaristas no creen que Romanos 16 pertenezca a esta carta. Sin embargo, a esta objeción no es tan difícil de responder: Roma era la capital del imperio romano, por lo tanto, es muy probable que Pablo conociera a hermanos de esta iglesia que de seguro viajaban regularmente.

  Pablo recomienda a Febe. Es factible que a través de ella, Pablo hubiese entregado su carta a la iglesia de Roma. Posiblemente, Febe, igual como Lidia, estuviera en una posición económicamente buena, lo cual le permitía viajar cuando era necesario. Ella era diaconisa de la iglesia de Cencrea, el puerto oriental de Corinto. Diaconisa significa un cargo oficial en la iglesia, un cargo cuyo contenido es difícil de determinar. Por lo menos significa servir en todo lo que era posible. En el versículo 2, Pablo dice que el cargo de esta hermana, no era solamente el de diaconisa, puesto que ella, en realidad, ayudaba a muchos. Por esa razón la iglesia debería recibirla.

  Ahora Pablo saluda primero a Priscila y Aquila, sus anfitriones en Corinto. Menciona agradecidamente el hecho de que ellos expusieron sus vidas por él. No sabemos en que forma lo hicieron, lo único que podemos decir es que han arriesgado la vida en ayuda del apóstol. Para Pablo siempre era importante mencionar lo que Dios realizó en los creyentes, el amor, la fe y la ayuda, para agradecer por ellos. Habiendo vuelto a Roma, (comp. Hechos 18,2) Priscila y Aquila servían también al Señor al abrir su casa para los miembros. Por la falta de edificios para los cultos, la iglesia se reunía siempre en casas de hermanos.

  Después saluda a Epeneto, el primer convertido en la provincia de Asia, con quien Pablo evidentemente tenía un vínculo especial. De los demás creyentes a quienes menciona Pablo, no sabemos nada, es probable que la María del v.6 haya pertenecido a los primeros hermanos que fundaron la iglesia de Roma. Andrónico y Junias eran judíos como Pablo y en otrora compañeros de prisiones. Ellos conocían a Cristo antes que Pablo mismo. Son insignes (=muy estimados por) entre los apóstoles. La palabra apóstol tiene aquí un significado más amplio: predicadores del evangelio y no se refiere a los 12 apóstoles.

  No sabemos casi nada de las personas nombradas en el v.15, tal vez con excepción de Rufo (13), quien era posiblemente el hijo de Simón de Cirene (véase Marcos 15,21). "Escogido en el Señor", se refiere ahora sobre todo a la elección de Dios para servirle a Él, aunque incluye la elección para la vida eterna. Es casi seguro que entre los mencionados habían siervos. Encontramos en esta lista nombres que son típicos para siervos como: Amplias, Pérsida y Flegonte. Entonces hallamos en esta lista tanto a judíos como a gentiles; tanto gente de la clase alta como esclavos. Notable es el tono cordial con que Pablo menciona a todos sus hermanos. Son sus amados en el Señor. Este amor se encuentra exclusivamente dentro de la iglesia, es decir, cuando vivimos del amor de Dios revelado en Jesucristo. Todos los hermanos deben ser saludados con un ósculo, un beso santo. Un beso santo significa que no es una expresión superficial de la relación con los demás, sino que es una relación llevada por el santo amor de Dios.

* En la iglesia somos hermanos el uno del otro. El amor cristiano no depende de la simpatía de los demás, depende del amor que Dios nos mostró a nosotros los pecadores.

2. (16,17-24) En los versículos 17-20 Pablo advierte contra fuegos fatuos concernientes a la sana doctrina. Además aquellos maestros, al causar divisiones, quiebran la unidad de la iglesia. La doctrina sana es una; las divisiones son muchas. El mejor remedio contra aquellos hombres es evitarlos. Mezclarse con fuegos fatuos es demasiado peligroso por la mala influencia que ejercen sobre los ingenuos, los creyentes de buena fe, pero sin mucho conocimiento de la sana doctrina. Pablo probablemente tuviese en mente a los maestros judíos que dan énfasis en guardar las leyes de las comidas; ellos sirven a su vientre en vez de servir a Dios. Al decir esto, Pablo no está acusando a la iglesia de falsa doctrina, pues él conoce su obediencia; por ende, es más una cosa de precaución. Su deseo es que los miembros de la iglesia sean sabios para el bien, e ingenuos (literalmente inocente) para el mal. Pablo anhela una vida cristiana saludable para la gloria del Señor. La falsa doctrina tiene su origen en el diablo. Los creyentes están dependientes totalmente del cuidado de Dios y tienen la promesa de que el Señor les dará el triunfo completo sobre satanás. La bendición de la gracia del Señor Jesucristo corresponde bien aquí. Es por su gracia guardadora por la que la iglesia recibirá el triunfo.

  En los versículos siguientes son los amigos de Pablo en Corinto quienes saludan a los creyentes de Roma. En primer lugar menciona a su `compañero de trabajo', Timoteo. Después encontramos a tres personas de la misma tribu de Pablo: Lucius, a lo mejor la misma persona de Hechos 13,1; Jasón, quizas él de Hechos 17,5; Sosípater, a lo mejor el Sópater de Hechos 20,4. Tercio, que escribió esta carta, fue el secretario de Pablo. Es posible que Gayo fuese la misma persona que el Gayo de Hechos 20,4. Erasto era algo así como tesorero de la ciudad (véase 2 Tim 4,20). El Erasto de Hechos es probablemente otra persona. No sabemos quien era Cuarto. Los manuscritos más antiguos no mencionan el versículo 24. En realidad es el mismo versículo que el veinte (última parte).

* La iglesia es constantemente amanezada por doctrinas falsas, sin embargo, el Señor la protege y le da el triunfo. Los creyentes tienen que tener mucho cuidado.

3. (16,25-27) Pablo termina con una glorificación a Dios, porque

a. Él puede confirmar a los creyentes, establecerlos en la fe.

b. Él nos reveló un misterio: la venida de su Hijo en la carne.

c. Él reveló este evangelio ahora. El evangelio podía ser anunciado en el Antiguo Testamento, pero no podía ser predicado como un hecho en medio de todas las naciones. Ahora sí: porque hay salvación no sólo para los judíos, también la hay para todos aquellos que obedecen al evangelio por la fe.

d. Este Dios es un Dios único y sabio. ¿Quién puede hacer lo que Dios hizo, mandando a su propio Hijo a esta tierra, perdida por el pecado? A Él sea la gloria mediante Jesucristo para siempre. Solamente a través de Él, existe el evangelio y podemos conocer a Dios y su gracia.

* Es una maravilla que vivamos en este tiempo bajo la bendición del evangelio de nuestra salvación.

Síntesis aplicativa de temas importantes

1a. La palabra `hermano' nunca debería ser una palabra desgastada. Al contrario, es una palabra que expresa el amor verdadero que debe existir entre los miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia.

1b. Por muy diversa que sea la iglesia, en Cristo hallamos la unidad. La iglesia puede componerse de personas de clases y razas muy diferentes. La unidad no es el nacionalismo ni la unidad de la clase social, sino la fe en el mismo Dios y en el mismo Salvador. Debemos saber que ante Dios estamos en igualdad de condición: pecadores que dependen enteramente del sacrificio de su Hijo Jesucristo. Si hay tensiones u orgullo, reflexionemos en quienes somos ante Él, para que seamos capaces de aceptar humildemente a nuestros hermanos.

1c. Toda clase de persona puede servir a Dios: hombres y mujeres, esclavos y amos. Oremos para que nuestra iglesia se caracterice por su fiel servicio al Señor de todos.

2. La falsa doctrina es como el veneno, mata el bienestar de la iglesia. Para poder discernir la falsa doctrina es necesario que maduremos en la fe y en el conocimiento de la Palabra de Dios. La falsa doctrina es un ataque satánico para destruir la iglesia de Cristo. Aunque debemos tener mucho cuidado, Cristo, como la Cabeza de su cuerpo, nunca permitirá que esto suceda. Él ya triunfó en la cruz y triunfará definitivamente

3. ¡Que alegría es vivir en el tiempo de la predicación mundial del evangelio! Muchas generaciones han pasado sin conocer nada de las buenas noticias de la venida y del sacrificio de Jesús por quien tenemos acceso a Dios. Somos una generación privilegiada, a la cual Dios le ha dado la oportunidad de conocer el evangelio. Este privilegio es también una tremenda responsabilidad: depositar nuestra fe en Cristo y compartir con otros lo que hemos recibido de Dios.

 

FIN

 

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